Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
En el NSX de primera generación hay dos juegos de amortiguadores de gas que casi todo el mundo confunde: los de la tapa del maletero y los de la luneta trasera del compartimento motor, que es la que se abre en vertical sobre el cristal. Este segundo juego es el que nos ocupa, y es el que sufre más, porque soporta una pieza de vidrio templado relativamente pesada que trabaja siempre a tracción sobre dos rótulas pequeñas. Cuando el nitrógeno se escapa, la luneta empieza a caer sola, primero en frío y luego siempre, hasta que te golpea en la nuca mientras revisas niveles.
He montado este par de puntales KUNSYOUKIM en tres coches distintos: un NA1 cupé de 1993 con algo más de 160.000 km, un NSX-T de 1997 con techo duro y luneta trasera, y un ejemplar de 2001 ya con el 3.2. En los tres casos el síntoma era idéntico: la luneta aguantaba arriba solo si la acompañabas con la mano y bajaba de golpe en los últimos centímetros. Sustituyendo el par, el comportamiento vuelve a ser el de fábrica.
Calidad de fabricación y materiales
El cuerpo del cilindro es de aluminio, con un acabado bastante uniforme y sin rebabas en el mecanizado del cuello. El vástago es de acero inoxidable, detalle importante porque en esta ubicación el vástago trabaja expuesto y en un vano motor que respira calor y humedad; los vástagos cromados baratos acaban picándose por la zona donde roza el retén, y ahí es donde aparece la fuga de aceite que delata el final del amortiguador. Aquí, tras casi un año de uso, no he visto ni sudado ni marcas de óxido en el recorrido.
Los extremos llevan casquillos de rótula que encajan en los bulones esféricos originales, con una holgura que en mi medición con calibre se queda por debajo del milímetro, dentro de lo razonable. El sellado del tubo está engastado en frío y el precinto no presenta desplazamientos. La funda de fibra de carbono que envuelve parte del cuerpo es puramente estética: no aporta rigidez ni protección real, aunque disimula bien el desgaste visual del vano motor. Lo que sí conviene comprobar antes de montar es que las dos unidades tengan una resistencia homogénea; en mi caso, empujando con la mano sobre una báscula improvisada, ambas se comportaron de forma muy similar, algo que no siempre ocurre en juegos económicos.
Montaje y compatibilidad
La operación es sencilla y se hace en veinte minutos con el coche en el suelo. Herramientas: un destornillador plano fino o un útil de plástico para levantar la grapa de retención, llave de 10 o 12 mm para el bulón, y un palo o una segunda persona sujetando la luneta, porque en cuanto sueltas el primer puntal toda la carga cae sobre el otro.
El orden que mejor funciona es liberar la grapa del lado del cristal, sacar el casquillo del bulón y después el del lado carrocería. Al montar, entra primero el extremo del cristal y luego el de la carrocería, con la luneta alineada y sin forzar el ángulo. Un consejo que aprendí a base de sustos: coloca arandelas de refuerzo en los bulones del lado carrocería si ves que el anclaje tiene fatiga, porque el aluminio del monocasco no perdona un apriete excesivo ni un tirón lateral repetido. Aprieta a mano y da un cuarto de vuelta más, nada de apretar «a tope».
En cuanto a compatibilidad, encaja en los cupé NA1 y NA2 de 1990 a 2005 y en los NSX-T que llevan techo duro y luneta trasera. No sirve para carrocerías sin ventana trasera en esa posición, y no hay que confundirlo con el juego del maletero, que es otra referencia. Los equivalentes de esta ubicación suelen medir alrededor de 300 mm de centro a centro totalmente extendidos, así que merece la pena medir los viejos antes de pedir.
Rendimiento y resultado final
Con los puntales nuevos, la luneta sube sola desde media altura y se mantiene firme en todo el recorrido, incluido el tramo final, que es donde antes cedía. El cierre es progresivo y sin golpe seco, porque el amortiguamiento hidráulico del último tercio funciona correctamente.
Hay un matiz térmico que conviene conocer: a temperaturas bajas, en un garaje a dos grados bajo cero, la presión del gas cae y la luneta puede quedarse a medio camino en los últimos diez centímetros. Con quince grados o más, el comportamiento es pleno. Es física, no un defecto del producto, y le pasa igual a la pieza original de Honda. Tras ocho meses de uso en un coche que se mueve casi a diario, no hay pérdida apreciable de fuerza ni ruidos en las rótulas.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
A favor:
Se venden por parejas, que es como hay que cambiarlos siempre.
Vástago inoxidable y buen comportamiento frente a la corrosión en un vano caliente.
Encaje directo en los bulones originales, sin adaptadores ni taladros.
Relación precio-durabilidad claramente mejor que la pieza de origen, cuya referencia para esta ubicación es la 74820-SL0-315.
Manual de instalación incluido y garantía de dos años.
Mejorable:
No se publican ni la longitud ni la fuerza en newtons, dato que cualquier taller necesita para comparar antes de comprar.
Los casquillos de rótula son de material compuesto y, con muchos ciclos, desarrollarán algo más de juego que los metálicos originales.
Las grapas de retención son algo más finas que las de serie; recomiendo guardar las viejas si siguen enteras.
El acabado tipo carbono no encaja bien en un coche que se quiera mantener absolutamente original.
Veredicto del experto
Es una solución sensata para un NSX que se usa de verdad y cuya luneta trasera ya no se sostiene. No es una pieza de restauración concours, pero cumple en lo esencial: aguanta, no se oxida y encaja sin inventos. Mi recomendación es cambiar siempre las dos unidades, revisar el estado de los bulones y las arandelas de apoyo, aplicar una gota de grasa de silicona neutra en los casquillos cada dos años y limpiar el vástago con un paño seco, nunca con aceites que atraigan polvo. Le doy un notable alto: hace su trabajo con dignidad por bastante menos de lo que cuesta la alternativa oficial.












