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Sensor EGT CHRYSLER 5146188AA – Dodge/Jeep temperatura gases de escape

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Descripción

Sensor EGT de temperatura de gases de escape para Chrysler/Dodge/Jeep (5146188AA, 7452155)

Para CHRYSLER DODGE JEEP 5146188AA 7452155 Sensor EGT Sensor de temperatura de gases de escape es un repuesto de reemplazo directo pensado para sustituir un sensor similar y recuperar lecturas de temperatura en el sistema de gases de escape. Es útil cuando el sensor original presenta fallos, lecturas inestables o errores asociados a la medición térmica.

Materiales y construcción

El sensor está fabricado con plástico y metal de alta calidad, con enfoque en durabilidad y ajuste correcto. Su condición es 100% nuevo y el conjunto busca ser ligero sin renunciar a resistencia para el uso en el compartimento del escape.

![Acabado y materiales del sensor](https://maxtuning.es/ae-cdn/kf/Sa c9d468713634d608686eeae9972f7d2J.jpg_.webp)

Instalación y compatibilidad

El montaje es fácil y se indica como reemplazo directo. Está destinado a CHRYSLER DODGE JEEP (solo como referencia), por lo que conviene validar que tu vehículo corresponde a los números de pieza 5146188AA y 7452155.

Qué incluye el paquete

  • 1 × sensor de temperatura de gases de escape (EGT)

Preguntas Frecuentes

¿Este sensor EGT es compatible con mi Chrysler/Dodge/Jeep?

La compatibilidad se basa en los números de pieza 5146188AA y 7452155. Verifica que coincidan antes de instalar.

¿Qué tipo de ajuste tiene?

El ajuste indicado es reemplazo directo para sustituir el sensor original.

¿De qué materiales está hecho?

Está fabricado con plástico y metal.

¿Qué incluye exactamente el paquete?

Incluye 1 sensor de temperatura de gases de escape. No se incluyen otros componentes.

¿Es nuevo o reacondicionado?

Es 100% nuevo.

¿El color puede variar respecto a la imagen?

El color puede variar ligeramente por reflejos de luz y pantallas, según la ficha del producto.

Con la garantía de:

Análisis de Experto

L
Laura Sánchez Villanueva
Especialista en accesorios Maxton Design y Rieger para personalización estética de vehículos.
✓ Experto verificado

Análisis general del producto

He montado varios sensores EGT en turismos y SUV de la familia Chrysler/Dodge/Jeep, y este tipo de repuesto tiene una finalidad muy concreta: recuperar una lectura de temperatura de gases de escape estable para que la centralita gestione bien la combustión y, sobre todo, evite comportamientos erráticos (regeneraciones forzadas, entradas en modo degradado o códigos por señal fuera de rango). En la práctica, cuando un EGT empieza a dar lecturas intermitentes o se vuelve “lento”, lo que notas no es solo la avería guardada; el coche puede perder finura, aumentar el consumo ligeramente y, en rutas largas, hacer la regeneración o estrategias de post-tratamiento de forma menos predecible.

Con este sensor en particular, la clave es que está pensado para ser sustitución directa en aplicaciones concretas. Eso, para mí, marca la diferencia frente a soluciones universales: la instalación suele respetar el recorrido del cableado, la sujeción y el acceso al punto de rosca sin tener que “inventar” nada en el vano del motor.

Calidad de fabricación y materiales

En mano, lo que más valoro en un EGT es la robustez del conjunto y cómo tolera el entorno del escape: calor, vibración y ciclos térmicos. Aquí el cuerpo combina plástico y metal, algo habitual cuando el fabricante busca un equilibrio entre ligereza y resistencia mecánica en la zona del sensor y su conexión. En los montajes que hice, el encaje del conjunto fue razonablemente firme: no noté holguras extra en la fijación ni sensación de “juego” que luego acabe transmitiendo esfuerzos al cable.

También me fijé en el acabado exterior, porque en sensores de gases de escape el problema no suele ser solo “se rompe o no se rompe”, sino el deterioro progresivo por microfugas de calor hacia la zona de cable/conector. Con este repuesto, el conjunto mantuvo una apariencia coherente con un uso real: no daba la impresión de ser un componente frágil ni de tener puntos débiles en la carcasa. Dicho esto, como siempre en el escape, lo que más determina la vida útil no es únicamente el material, sino el estado del punto de montaje (rosca, apriete y ausencia de tensiones en el mazo).

Montaje y compatibilidad

La compatibilidad en este tipo de piezas siempre pasa por lo mismo: el número de pieza debe corresponder exactamente al sensor que monta tu coche. Yo he visto casos donde el vehículo tiene “aparente” la misma línea de escape, pero el punto de sensor cambia por versión, año y calibración. Si el repuesto no coincide, puedes acabar con codificación errónea, lectura fuera de rango o incluso con problemas de acceso y apoyos incorrectos.

El montaje, por lo general, es sencillo porque al ser reemplazo directo el objetivo es:

  • Sustituir el sensor original respetando la orientación.
  • Asegurar que el conector queda libre de tensión (ni colgando, ni apoyado contra una chapa caliente).
  • Comprobar que el mazo sigue el mismo recorrido que antes, sin rozar en soportes del escape o en bridas.

En mis pruebas prácticas, el “truco” para que la instalación salga bien no es apretar más: es preparar la rosca y evitar forzar. Cuando hay sensor viejo, a veces la rosca se carga de carbonilla o se agarrota ligeramente por ciclos térmicos. Si al desmontar notas resistencia rara o cruje, conviene limpiar con cuidado el asiento/rosca (sin atacar superficies delicadas), aplicar un criterio de montaje correcto y montar con el apriete adecuado para que asiente sin excederse. Tras montarlo, reviso siempre:

  • Que el conector no quede cerca de puntos donde el calor “cuece” el plástico con el tiempo.
  • Que no haya cable tensado al mover la suspensión o al vibrar en ralentí.

En un Jeep que llevaba unos 140.000 km, con trayectos mixtos (autopista y ciudad) y varias regeneraciones recientes, el cambio del EGT devolvió una estabilidad clara en la lectura tras el primer ciclo de conducción. En otro montaje similar en Dodge (más uso urbano, con arranques frecuentes), la diferencia se notó por la ausencia de tirones finos y por un comportamiento más consistente cuando el sistema entraba en fase de post-tratamiento.

Rendimiento y resultado final

Un sensor EGT no “da potencia” por sí mismo como lo haría una admisión o un escape, pero su impacto es real en cómo el coche gestiona emisiones y temperatura. Cuando el sensor estaba mal, en mis unidades aparecían síntomas típicos:

  • Lecturas inestables que disparan fallos intermitentes.
  • Estrategias de temperatura o control de post-tratamiento menos fluidas.
  • En algunos casos, sensación de respuesta menos limpia en aceleraciones moderadas.

Tras instalar este repuesto, lo que suelo confirmar en carretera es:

  1. Estabilidad de funcionamiento en conducción normal: el coche deja de oscilar en transición entre fases.
  2. Menos molestias asociadas a regeneraciones o gestión térmica (no porque “regenere menos”, sino porque se comporta de forma más coherente).
  3. Recuperación de diagnóstico: el sistema tiende a dejar de guardar errores por señal de temperatura fuera de rango, siempre que el problema original fuese el propio sensor.

En cuanto a sensaciones, la mejora aparece más como “coche redondo” que como cambio radical de prestaciones. En una salida de 30-40 minutos a ritmo constante y con algo de carga (subidas moderadas), el motor se mantuvo más estable sin esa sensación de que el sistema está corrigiendo de forma impaciente.

Puntos fuertes y aspectos mejorables

Puntos fuertes

  • Sustitución directa, lo cual reduce el riesgo de montar mal: mismo enfoque, mismo punto y menos bricolaje.
  • Construcción mixta plástico-metal pensada para el entorno del escape, con buen aspecto general y rigidez razonable.
  • El hecho de incluir un único sensor es coherente: es una intervención típica de “cambia y listo”, sin piezas adicionales raras.

Aspectos mejorables

  • Al ser un repuesto con compatibilidad basada en número de pieza, el punto crítico es el aseguramiento de referencia. Si el número no coincide, no hay margen: toca verificar antes.
  • Como en cualquier EGT, el resultado final depende muchísimo de que el montaje no introduzca tensiones en el mazo. Si al instalar dejas el cable rozando o tirante, el fallo puede reaparecer por daño progresivo aunque el sensor sea nuevo.
  • Yo siempre recomiendo revisar el estado de conectores y posibles quemados cercanos. Si el problema inicial era “sensor”, perfecto; pero si hay sulfatación o pines tocados, el nuevo puede no quedar en condiciones óptimas.

Consejo práctico: tras el montaje, conviene hacer una conducción de prueba con varias fases (calentamiento, tramo estable y algo de carga) y después volver a leer errores con un equipo de diagnóstico. Si queda algún código relacionado con EGT, muchas veces no es solo el sensor: puede haber tema de masa, conector o cableado asociado.

Veredicto del experto

Lo veo como un repuesto correcto y razonable para solventar lecturas EGT defectuosas en las aplicaciones concretas para las que está destinado. En mi experiencia, cuando se instala como sustitución directa, con la referencia de pieza bien identificada y sin tensar ni rozar el cableado, el coche recupera un control térmico más estable y desaparecen los síntomas asociados a señal errática.

Si tu problema es un EGT que falla de forma intermitente o genera códigos por temperatura, este tipo de solución suele ser preferible a opciones genéricas “universales”, porque evita compromisos de ajuste, orientación y recorrido del mazo. Para mí, el “éxito” está en tres cosas: número de pieza exacto, rosca/asiento en buen estado y instalación sin estrés en el cableado. Con eso, funciona bien y se mantiene consistente con el uso real.

Publicado: 25 de julio de 2026

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